
90 minutos para cambiar la historia
Mariano Ríos Ávila (columnista invitado)
CIUDAD DE MÉXICO.- México tiene una cita con su destino. Una cita para cambiar su historia en las Copas del Mundo y romper una barrera que ha marcado a generaciones enteras de mexicanos. Durante décadas crecimos con la ilusión de ver a nuestra selección dar ese paso que parecía inevitable. Cada generación nos emocionaba, nos hacía creer y alimentaba la esperanza de que, ahora sí, México escribiría una nueva página en los Mundiales.
Pero ese día nunca llegó.
Desde México 1986 hasta Qatar 2022, la historia pareció repetirse una y otra vez. La ilusión se fue desvaneciendo con cada eliminación. En Qatar se vivió uno de los capítulos más dolorosos de la historia reciente de la Selección Mexicana, al no conseguir superar la fase de grupos. La esperanza comenzó a apagarse, la afición dejó de creer y el equipo dejó de despertar esa pasión que durante tantos años unió al país. Regresábamos a casa con una profunda tristeza y con la sensación de que el sueño mundialista volvía a escaparse.
Pero algo cambió en este Mundial de 2026.
México recuperó la conexión con su gente. Volvió a emocionar, a despertar ilusiones y a encender esa esperanza colectiva que permanecía guardada desde hace más de cuatro décadas. Hoy la selección transmite alegría, identidad y un profundo sentido de pertenencia.
Refleja lo mejor de los mexicanos: un pueblo alegre, apasionado, trabajador y convencido de que, cuando los objetivos son compartidos, el trabajo en equipo puede derribar cualquier obstáculo.
México está a 90 minutos, o quizá un poco más, de romper esa maldita historia que durante más de cuarenta años le ha negado la gloria en las Copas del Mundo.
Hoy el escenario es distinto.
Aunque México no parte como favorito frente a Inglaterra en los octavos de final, también es cierto que el conjunto inglés no ha mostrado su versión más convincente a lo largo del torneo. Su fútbol ha dependido, en gran medida, del talento individual de sus figuras más que de un funcionamiento colectivo capaz de imponer condiciones.
Además, el destino vuelve a colocar a Inglaterra frente al Estadio Azteca, un escenario cargado de recuerdos para los ingleses.
A lo largo de su historia, Inglaterra ha disputado seis partidos en el Coloso de Santa Úrsula.
Los primeros fueron amistosos frente a México, pero fue en la Copa del Mundo de 1986 donde el Azteca quedó marcado para siempre en la memoria inglesa: primero con una contundente victoria sobre Paraguay y, días después, con la dolorosa derrota frente a Argentina en el legendario partido de la “Mano de Dios” y el “Gol del Siglo”.
Hoy, cuarenta años después, el Azteca vuelve a recibir a Inglaterra. Y México espera que ese estadio sea, una vez más, el escenario donde la historia cambie de rumbo.
El ambiente que rodea este partido es diferente. Se comenta en los barrios, en el transporte público, en el Metro, en las oficinas y en cada conversación entre aficionados. Se respira optimismo. Existe la convicción de que México puede dar ese campanazo histórico y clasificarse entre los mejores del mundo, una hazaña que jamás ha conseguido en una Copa del Mundo.
Es difícil explicar lo que sentimos como sociedad ante un momento como este. En un país que enfrenta enormes desafíos sociales, económicos y políticos, el fútbol tiene la capacidad de reunir a millones de personas alrededor de un mismo sueño. Durante 90 minutos desaparecen las diferencias y sólo existe una ilusión: ver a México hacer historia.
La Selección está a un partido de transformar un relato que durante décadas le dio la espalda. Este Mundial ha demostrado que los pronósticos están para romperse y que las grandes sorpresas siguen siendo posibles.
Sí, es posible.
Sí, se le puede ganar a Inglaterra.
Y sí, México puede llegar todavía más lejos.
La moneda está en el aire. Ha llegado el momento de dejar atrás los fantasmas del pasado y escribir, por fin, el capítulo que generaciones enteras han esperado. Porque la historia no está escrita… y esta selección tiene 90 minutos para cambiarla.
Mariano Ríos Ávila: Maestro en Periodismo Deportivo y Fotógrafo Deportivo


