
Gilberto Mora no es Yamal: La realidad del talento mexicano frente a un sistema que no evoluciona.
COLUMNISTA INVITADO
Mariano Ríos *
CIUDAD DE MÉXICO.- El futbol mexicano vuelve a mostrar talento y promesas, pero también los mismos errores estructurales que impiden el crecimiento del juego nacional.
La Selección Mexicana Sub-20 volvió a exhibir una verdad que el futbol nacional se resiste a aceptar: El talento existe, pero el carácter y la estructura siguen ausentes. La reciente eliminación ante Argentina no solo representa un revés deportivo, sino la confirmación de que México continúa atrapado en un modelo que no aprende, no crece y no evoluciona.
El combinado “tricolor” compartió grupo con potencias como Brasil, España y Marruecos. Pese a las circunstancias, logró empatar ante dos de ellas y vencer con autoridad al conjunto africano, mostrando personalidad y destellos de calidad técnica.
Sin embargo, cuando llegó el momento de la verdad, el resultado fue el de siempre. La selección de Argentina, seis veces campeona del mundo en la categoría, impuso jerarquía y oficio. México, en cambio, entró con exceso de respeto y poca convicción.
El marcador 2-0 fue justo, pero también simbólico: Un reflejo del estancamiento estructural del futbol nacional.
No es un problema de talento, porque calidad hay. Tampoco se trata únicamente de decisiones tácticas. Es un asunto más profundo, un déficit de planeación. México carece de un proyecto nacional de desarrollo deportivo. No hay una ruta clara para acompañar a los jóvenes desde las categorías inferiores hasta el profesionalismo.
En cambio, las decisiones continúan dominadas por intereses económicos y visiones cortoplacistas que impiden construir un modelo sólido de formación.
En medio de esa realidad surge Gilberto Mora, una de las joyas más prometedoras del futbol mexicano. Con técnica depurada, madurez y desequilibrio, el joven se ha ganado la atención internacional. Fue Juan Carlos Osorio quien le dio su primera oportunidad profesional, y desde entonces ha confirmado lo que muchos ven: Condiciones para destacar al más alto nivel.
Pero en México tenemos una costumbre peligrosa: Convertir cada talento en la esperanza de una nación futbolera. Gilberto Mora ya es comparado con Lamine Yamal, la sensación española. Sin embargo, esas comparaciones son tan injustas como superficiales. Yamal creció dentro de un sistema estructurado, en una liga que prioriza la formación y la competencia sana.
Mora, por el contrario, ha tenido que avanzar en un entorno que pocas veces acompaña el talento con las condiciones adecuadas.
El potencial está ahí, pero sin una estructura que lo respalde, su desarrollo corre el riesgo de perderse. La historia mexicana está llena de jugadores que fueron promesas y no proyectos consolidados. El reto no es fabricar ídolos, sino crear un ecosistema que los sostenga.
Gilberto Mora es una esperanza, sí, pero también una advertencia. Mientras el futbol mexicano siga poniendo el negocio por encima del proceso formativo, seguiremos viendo cómo los talentos surgen y se apagan sin dejar huella.
No necesitamos otro “Yamal mexicano”. Necesitamos un sistema que permita a Gilberto Mora ser lo que es: Un futbolista con identidad propia, producto de un país que aún está a tiempo de entender que el talento sin estructura es solo una ilusión pasajera.
(*) Mariano Ríos es un periodista mexicano que radica en la Ciudad de México y que cuenta con más de diez años de experiencia y coberturas internacionales como Juegos Centroamericanos, Juegos Panamericanos y Juegos Olímpicos. Instagram: @mariano26avila


