
Geopolítica y el Mundial 2026
GRADA NORTE
José Luis Sibaja
HERMOSILLO, Sonora.- Desde Argentina 1978, la primera Copa del Mundo de la que tengo memoria, nunca antes había visto una cita mundialista que se vaya a desarrollar en un entorno tan complejo como el contexto geopolítico en el que se celebrará México-Canadá-Estados Unidos 2026.
Para contextualizar, es necesario hacer un muy breve repaso histórico de varias justas mundialistas celebradas desde hace 48 años, visto desde un marco político internacional y su impacto en la correspondiente Copa del Mundo.
Argentina 1978 se desarrolló en un país gobernado por una dictadura acusada por la desaparición de varios miles de ciudadanos argentinos. La Copa del Mundo sirvió como una cortina de humo para ocultar las múltiples violaciones a los derechos humanos de la junta militar encabezada por Jorge Rafael Videla.
Previo a España 1982, el mundo volteaba a ver con preocupación la Guerra de las Malvinas. Justo al día siguiente de la inauguración de la Copa del Mundo se firmó la paz entre Argentina y Gran Bretaña, sin embargo, en el ambiente mundialista flotaba esa desagradable nube bélica.
También, durante España 1982, varios cambios políticos comenzaban a gestarse en Polonia. El movimiento Solidaridad, liderado por Lech Walesa, se convirtió en una corriente de contrapeso sobre la esfera soviética que controlaba el país.
Entonces, la selección polaca que participó en la Copa del Mundo fue utilizada como herramienta política, pese a la oposición de la gran mayoría de sus jugadores. El documental “Mundial. Gra o wszystko”, de 2013, dirigido por Michal Bielawski, retrata fielmente esa época con testimonios de los propios futbolistas.
La Copa del Mundo Italia 1990 se desarrolló en un periodo de grandes cambios en Europa del Este. Las reformas Perestroika y Glásnost, impulsadas por el presidente soviético Mijaíl Gorbachov, indirectamente, provocarían la apertura democrática de los países satélites de la Unión Soviética, que, a su vez, se desmoronaría para convertirse en diferentes naciones, hasta su desaparición en 1991.
Simultáneamente, Alemania, que se convertiría en campeón mundial en Italia 1990, en el verano de ese año también atravesaba un proceso de reunificación, algo que finalmente se concretaría meses después, todo esto como efecto de la caída del Muro de Berlín y la desaparición de la RDA, entre noviembre de 1989 y diciembre de 1990.
En esa misma Copa del Mundo Italia 1990, Yugoslavia participó por última vez como nación, en una época llena de tensión por los cambios en Europa del Este. Un año después de su participación mundialista iniciaría la Guerra de los Balcanes que duraría una década y que disolvería ese país en varias naciones.
El 11 de septiembre de 2001 se registraron varios atentados de Al Qaeda en diferentes ciudades de Estados Unidos, entre los sitios más afectados fueron las Torres Gemelas de Nueva York. Estos hechos provocaron la respuesta estadounidense al atacar Afganistán para combatir al grupo terrorista.
El 7 de diciembre de 2001, una coalición de países encabezada por Estados Unidos, inició una guerra en territorio afgano. Meses después, el 31 de mayo de 2002, comenzó la Copa del Mundo Corea-Japón 2002, bajo altísimas medidas de seguridad por temor a posibles ataques terroristas.
Si nos vamos mucho más atrás, en la segunda y tercera Copa del Mundo los contextos históricos fueron igualmente complicados, mientras en Italia 1934 se desarrolló bajo la influencia de Fascismo de Benito Mussolini, y a punto de estallar la Guerra Civil Española; para Francia 1938, la Alemania Nazi ya se había anexionado Austria y la región de los Sudetes checos.
Un escenario inimaginable
La Copa del Mundo 2026 iniciará el 11 de junio en México, Canadá y Estados Unidos, y a unos 130 días de su inauguración, el contexto geopolítico y las relaciones internacionales son mucho más complicados de lo que se pudo imaginar el 13 de junio de 2018, cuando la FIFA le asigno la sede mundialista a la candidatura tripartita de Norteamérica.
Hoy, México vive más sumido que nunca en una profunda crisis de inseguridad provocada por el crimen organizado. Estados Unidos, por su parte, intervino territorialmente en Venezuela para deponer a su presidente Nicolás Maduro; mientras el gobierno de Canadá lidia constantes diferencias políticas, económicas y hasta territoriales con su contraparte estadounidense.
El mismo gobierno de Estados Unidos también tiene sus propios problemas internos, principalmente por su política antiinmigrante, a la vez que igualmente se ocupa de combatir el “narco-terrorismo internacional” y en “buscar soluciones” en conflictos armados en distintas partes del mundo.
El gobierno de Estados Unidos, de acuerdo a sus intereses, en los últimos doce meses ha tenido “choques” ideológicos, políticos y económicos con varios gobiernos y organismos (como la Unión Europea y la OTAN) al más alto nivel diplomático.
Y, sin juzgar las diferentes posiciones políticas, sí está claro que en la Copa del Mundo 2026 hay varios países participantes cuyos gobiernos están de alguna manera involucrados en estos temas diplomáticos y geopolíticos relacionados con Estados Unidos, entre ellos: México, Canadá, Francia, Inglaterra, Alemania, Colombia, Jordania, Haití e Irán, y posiblemente Ucrania, Dinamarca, Irak y/o República Democrática del Congo (los cuatro últimos países disputarán repechajes clasificatorios).
A todo esto, no hay que olvidar el longevo conflicto alrededor del tema palestino-israelí, que en los últimos años se ha agudizado; ni mucho menos, la guerra en Ucrania, que este 24 de febrero cumplirá cuatro años desde la invasión rusa, en el que es el conflicto bélico más importante en Europa desde la Segunda Guerra Mundial.
Si bien, el deporte, en este caso específico, el futbol, debería ser neutral y tendría que ser visto como un “oasis” que dé la oportunidad de promover la paz mundial, la realidad es que nunca estará alejado de la política, y, lo más difícil de aceptar, es que ambos (deporte y política) se necesitan.
Que no nos sorprenda si la Copa del Mundo 2026, como lo fue el Sorteo Mundialista o la final del Mundial de Clubes, tiene sus dosis de política, desde el protagonismo innecesario de algún líder, o con posturas que adopte o asuma la FIFA, de acuerdo a los intereses que su presidente Gianni Infantino decida cuidar, es bien sabido que sus decisiones siempre van en la dirección donde “sopla el viento”.
Considero que difícilmente el torneo se verá afectado, seguramente la competencia se desarrollará sin contratiempos, pero mucho dependerá de todo lo que se mueva “tras bambalinas”, sin que nadie se dé cuenta, en temas de seguridad, migración, acuerdos y/o decisiones políticas que se tomen durante ese mes y medio que durará el evento.
Ya cuando concluya la Copa del Mundo 2026 podremos darnos una idea de cómo serán los Juegos Olímpicos Los Ángeles 2028, también en Estados Unidos, aunque, con la forma en que se han desarrollado los hechos geopolíticos en los últimos doce meses, es muy difícil predecir cómo será el mundo dentro de dos años.
José Luis Sibaja: Director y fundador de GRADA NORTE. Experiencia de 29 años en el Periodismo. Coberturas internacionales: 4 Juegos Olímpicos; 2 Copas del Mundo de Futbol; 3 Campeonatos Mundiales de Atletismo; 6 Juegos Panamericanos; y corresponsal de guerra en Ucrania.
Twitter: @renton__t2


